Hoy en la conferencia oficial de la prestigiosa sección Giornate Degli Autori (Venice Days) del Festival de Cine de Venecia fueron revelados los títulos cinematográficos que forman parte de la edición de este singular año y que pone el foco en el cine del mundo de la más alta calidad, sin ningún tipo de restricción y con especial atención a la innovación, la originalidad y la independencia.
Tengo miedo torero es una adaptación de la novela homónima del escritor Pedro Lemebel, cuyo guión y dirección estuvieron a cargo de Rodrigo Sepúlveda (Aurora, Padre Nuestro) y bajo la producción de Forastero (Chile), Tornado (Argentina), Caponeto (México) y Zapik Films (Chile), contando con un elenco liderado por el reconocido actor nacional Alfredo Castro (Algunas Bestias, Desde Allá, El club) y los talentosos Leonardo Ortizgris (México), Julieta Zylberberg (Argentina) junto a los chilenos Luis Gnecco y Amparo Noguera. La cinta cuenta con el trabajo de los músicos Pedro Aznar (a cargo de la banda sonora) y Manuel García, y con la dirección de fotografía del reconocido cinematógrafo nacional Sergio Armstrong.
En 93 minutos, la película transita entre el melodrama y el thriller político, narrando la historia de amor entre la Loca del Frente (Castro), un gay que borda manteles para esposas de militares, y Carlos (Ortizgris), integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, y está ambientada -al igual que el libro- en la víspera del atentado contra el dictador Augusto Pinochet ocurrido en Santiago, en 1986.
El tráiler de la cinta, filmada hace un año, fue lanzado el 19 de junio previo al Marché du Film de Cannes, causando altas expectativas acerca de su estreno, el que aún no tiene fecha confirmada en Chile.

Conversamos con Rodrigo Sepúlveda acerca de su experiencia de adaptación y dirección, así como de algunos detalles del filme y del viaje que comenzará en septiembre en Venecia.
- ¿En qué momento de tu vida llegó este proyecto a tus manos? Y ad portas de su estreno internacional, ¿cuánto dirías que te marcó la realización de esta película?
Tengo miedo torero es una película muy importante porque llega a mi en un momento de mayor madurez, en un momento en el cual estoy buscando una película más grande, sólida, una película que mezcle lo personal con lo social nítidamente. El cine que había hecho antes era un cine más pequeño, más íntimo y acá se junta lo musical, lo político, lo social y también lo íntimo. Entonces, fue una película difícil de hacer, desafiante de hacer y eso es lo que más me atrajo como proyecto.
- “¿Es normal llorar con un tráiler?” fue uno de los mensajes que dijiste haber recibido tras el lanzamiento del tráiler de Tengo miedo torero, ¿cómo tomaste estas reacciones y ahora la noticia del estreno en Venecia?
Nuestro medio, el medio audiovisual, y los trabajadores del teatro y del cine en este minuto en Chile, estamos pasando por probablemente una de nuestras crisis más grandes, no se filma hace muchos meses y no hay ningún tipo de ayuda, entonces aparecer con este tráiler en este preciso momento fue hermoso porque fue una bocanada de oxígeno para todos, como si dijéramos “estamos vivos”, “estamos presente”, “seguimos existiendo”. Fue casi un gesto político que jamás habíamos dimensionado antes: el aparecer con un tráiler que se transforma de un momento a otro en un gesto de presencia, de que seguimos siendo un grupo de trabajadores que nos resistimos a morir. Y mis expectativas con Venecia es un poco lo mismo, salir al mundo y seguir diciendo que seguimos vivos, que seguimos haciendo cine y que amamos lo que hacemos.
- ¿Cómo describirías el proceso de escritura del guión (has dicho que llegaste a hacer más de 15 versiones!) y cómo te convenciste de la versión que veremos finalmente en pantalla?
La adaptación del libro fue un trabajo muy solitario, muy concentrado, muy silencioso, de muchos meses y no era menor sentir el peso de Pedro Lemebel, que es un tremendo escritor; fue muy importante en un minuto darme cuenta de eso y tomar la decisión, y la convicción más bien, de decir “esto es una adaptación, la novela es la novela y la película es la película”, y una vez que sentí esa libertad, me puse a escribir con calma. Aun así fueron muchas las versiones en las cuales fuimos profundizando, fui profundizando. Sobre todo subrayando un poco más el contexto social y político de los años 80. Fue un trabajo muy bonito, muy extenuante y donde se hicieron muchas versiones, efectivamente.
- ¿De qué manera manejaste justamente esa presión que puede existir al tratarse de un guión basado, por cierto, en la única novela de Lemebel, a diferencia de crear uno a partir de una idea original?
Esto se contesta un poco en la respuesta anterior, pero básicamente quisiera aclarar que la novela fue escrita para ser leída y la adaptación de la película necesitaba una visualidad propia, un mundo propio y un punto de vista distinto, propio de lo que es una película. Imaginarse cómo era Santiago en el año 86, a un año del terremoto; imaginarse, por ejemplo, cómo se vestía La Loca, cómo se vestía Carlos, es otro tema y eso parte desde la escritura del guión también.
- ¿En qué punto se entremezcla tu sello autoral con el de Lemebel en la visualidad del filme?
Para mí es muy importante poner la película en el tiempo en que se enmarca la novela, que es el año 1986, a un año del terremoto. Plena dictadura, plena represión, con toque de queda, con los milicos en la calle… y sacar a flote ese Santiago muy pobre y marginal en que se vivía, y para eso fue fundamental la aparición de Marisol Torres en la Dirección de Arte, de Caro Espina en Vestuario y de Sergio Armstrong en la Dirección de Fotografía -con quien ya he trabajado antes y nos llevamos muy bien-, entonces básicamente el desafío fue cómo mostrar, cómo realizar y que se entendiera una mirada de ese Santiago de los años ochenta.

- En el tráiler vemos a Alfredo Castro travestido haciendo una fiel interpretación de la Loca del Frente, ¿cómo se plantearon este personaje?
Para el personaje de Alfredo el trabajo fue enorme y la Loca del Frente está en el 98% de las escenas de las películas, está en todo, entonces fue muy importante trabajar y definir cómo era ese personaje en todo sentido. Entender, por ejemplo, que dentro de ella conviven entre cinco o seis seres humanos distintos. Está la Loca del mundo público donde ella se prostituye en un cine, donde tiene que vestirse para tales efectos. Está la Loca que camina por las calles en un Santiago peligroso y homofóbico, que tiene que vestirse como hombre. Está la Loca del mundo privado, de ella consigo misma cuando borda los manteles, pero también está la Loca que se va enamorando lentamente de Carlos y se va vistiendo y arreglando para él. Está la Loca musical: ella canta, ella baila. Son muchos los personajes y ese fue un trabajo muy bonito, la creación de esos vestuarios, de esos maquillajes, de esos pelos, el trabajo de voz, de movimiento con Alfredo para ir dándole vida a esas múltiples locas que viven y conviven dentro de ella.
- Lemebel demostró la importancia de la música en sus libros, en su quehacer (radio) y en su activismo, ¿qué importancia tiene el mundo sonoro en la película? ¿Podrías contarnos cómo fue el trabajo realizado con Pedro Aznar y el desarrollo de la banda de sonido?
El trabajo de la música en la película fue muy importante ya que para Pedro Lemebel lo era y él siempre trabajó en radio, habló desde la música también. De hecho, Tengo miedo torero es un bolero, una canción que cantaba Lola Flores en los años cincuenta. Pedro Aznar hizo un trabajo notable que es la música de la película, pero también canta junto a Manuel García un tema muy hermoso que se llama Si no hablamos. Está Diego El Cigala con Eva Ayllón que cantan el tema Tengo miedo torero. Está María Felix, está Gal Costa, hay un sinfín de música que a Lemebel le gustaba mucho y que van acompañando la película. Y también está la banda de sonido que es lo que hizo Aznar, y que va acentuando y puntualizando momentos específicos de la película. Es la banda de sonido más la música de ambiente lo que va completando todo el mundo sonoro de esta película.
- Problemas como, por ejemplo, la pobreza o la miseria son universales, pero ¿cómo crees que el contexto político de la obra puede hacer eco en el Chile actual? ¿Qué tan protagonista es o no una revisión política de los años 80 en el film?
El contexto político es sumamente importante en esta película y sobretodo con lo que se vivió después. Nosotros estábamos en julio de 2019 grabando manifestaciones que se vivieron en los años 80, en el centro de Santiago, y el equipo más joven nos preguntaba a Alfredo y a mi, cómo era esa época, cómo era la represión, cómo eran las manifestaciones y resulta que tres meses después vino el estallido social y se estaba viviendo lo mismo que habíamos filmado: guanacos tirándole agua a la gente, policía reprimiendo a los manifestantes, etc., como que la película se adelantó a lo que fue pasando y aparece la figura de Lemebel en las calles, durante las protestas. Por lo tanto, el contexto es sumamente importante y relevante para lo que estamos viviendo hoy día.
- Alfredo Castro, por citar un ejemplo, ha querido reiterar en entrevistas que su personaje no es Pedro Lemebel, ¿hay algún otro aspecto o reflexión que te gustaría compartir respecto de la película y las expectativas que ha generado?
De algún modo se ha ido diciendo durante la entrevista: es importante entender que las novelas son novelas y las películas son películas. Esta es una adaptación de la novela de Pedro Lemebel, Tengo miedo torero, pero como equipo, y yo como director y adaptador, hemos tratado de ser lo más respetuosos posibles del mundo que generó y que escribió Lemebel. Yo creo que el público se va a encontrar con eso, con el mundo de Pedro Lemebel, con la esencia de Tengo miedo torero y por supuesto con algunas diferencias también.
- Para cerrar, el estreno en Venecia dará inicio al recorrido mundial de la cinta, ¿cómo proyectas su recibimiento? ¿Te preocupa o qué te genera la situación actual (confinamiento, pandemia mundial)?
Siempre es buena noticia que una película empiece su recorrido en un lugar tan importante, con tanta tradición como el Festival de Venecia, eso es solo una buena noticia para nosotros como equipo realizador. De ahí, la película (como todas) tiene que empezar a caminar sola, tiene que ir a otros festivales... no sabemos bien cómo se va a estrenar, en qué formato, dónde, pero este estreno internacional en Venecia es algo no solo importante, sino también muy hermoso. Dónde y cómo seguir después, bueno se irán abriendo las fronteras, las barreras y ahí iremos descubriendo estas nuevas formas. Yo espero sí, y es un compromiso que tenemos como equipo, que la película en Chile se de también para el público de Lemebel: en lugares públicos, en plazas, en provincias, donde el cine en general, nuestro cine, no llega masivamente y eso sí es un compromiso, que esta película se pueda ver en muchos lugares, a lo mejor no en los más tradicionales.













