Date una vuelta en el aire de Cristián Sánchez es una de las grandes películas chilenas del año, que tuvo su estreno europeo en la reciente edición del Festival de Biarritz, donde Chile tuvo una importante participación.
Hablamos con el cineasta de culto, cuya filmografía de 15 obras es esencial para explicar el fenómeno actual del cine chileno. Su nueva propuesta cinematográfica, una comedia absurda, hilarante y devastadora, que tiene sus raíces en el cine de Raúl Ruiz y Luis Buñuel, promueve la necesidad de ser parte de una historia así como recordar los orígenes para conocerse mejor.
Sánchez fue el cineasta homenajeado de la edición 2017 de nuestro Catálogo Internacional de Cine Chileno, con un texto escrito por Raúl Camargo, Director del Festival de Valdivia. Hoy Sánchez nos actualiza sobre Date una vuelta en el aire, y también sus nuevos proyectos.
¿Qué nos puedes contar sobre Date una vuelta en el aire?
La película expresa una inquietud que resuena en mí desde hace años. Hay inquietudes que atosigan el alma y terminan, en mi caso, en imágenes y sonidos que son aguijones y flechas tan leves como alegres. Resulta beneficioso, para todos nosotros, habitantes de este país, “darnos una vuelta en el aire”, esto es hacer un giro vertiginoso como si un torbellino nos atrapara, para desembarazarnos de inclinaciones atávicas despiadadas, abusivas e injustas y sobre todo venenosas y criminales.
Es una sacudida para cruzar un umbral donde hay otra existencia posible de un Chile que vendrá. De ahí que propongo un voto de humildad que implica establecer una mirada diferente, con respecto a la sabiduría de las cosmovisiones de nuestras sociedades indígenas. Más de algo tenemos que aprender de ellas para cambiar de verdad, no de la boca para afuera. En el caso de Date una vuelta en el aire, es la dimensión sobrenatural de ancestros humanos y animales que iluminan a los personajes principales, permitiéndoles echar por tierra su rutinaria y opaca vida anterior. Hay otra existencia que les espera, porque fueron capaces de dar ese salto, de plegarse, sin miedo, a los torbellinos, para transmutarse a sí mismos en el infinito galope aéreo de la manada de caballos con que finaliza la película.
¿Y cómo crees que la historia va a conectar con audiencias internacionales?
Tengo la impresión que Date una vuelta en el aire, a pesar de su punto de arranque local tiene un grado de encanto y seducción milagrosa que puede aguijonear y flechar a espectadores de diferentes culturas y lenguas. El humor que juega con el sin sentido, el disparatado, atraviesa, ciertamente, las barreras de la rigidez neuronal para multiplicar conexiones inmaculadas. Es el proyecto de un cine de magnetizador o de visionario, como explica Deleuze a propósito del cine moderno o de la imagen-tiempo.
¿Qué esperabas del estreno en Biarritz?
Risas, muchas risas. El cine no puede constituir un suplicio visual y auditivo sino fascinar, siempre, al ojo y al oído. Y a veces esta fascinación consiste en la fusión indisoluble de emoción profunda y humor disparatado o desopilante, como dicen los rioplatenses.
¿Qué convicciones e ideas te impulsan a seguir creando y dialogando con audiencias a través de lo cinematográfico?
Me impulsa a continuar filmando y asimismo escribiendo, el deseo de explorar las inquietantes capas de una materia-fuerza casi imperceptible que constituye, a mi modo de ver, la singularidad de nuestro país. Esa materia-fuerza posee un nervio metafísico que se escabulle y cambia permanentemente. Me parece ineludible extraer, entonces, la infinita potencia inmersa en esas capas huidizas, fragmentadas y borradas del mapa de los acontecimientos cotidianos informados, sean estos relevantes o triviales.
Creo que “hay mucho paño que cortar” y mientras tenga “cuerda” seguiré describiendo esos mundos imposibles e irrisorios, fabulaciones que pueblan, en derecho, lo que llamamos realidad. Una película puede ser también como el aguijón de una abeja muerta, es decir una flecha futura lanzada para abrir bocas, no para cerrarlas. Mis películas no son lápidas estéticas sino imperiosos llamados a jugar y a sentir de un modo visceral, para crear otras formas de pensar y vivir. En La promesa del retorno y Date una vuelta en el aire está la búsqueda de un soplo de humor estrambótico que ronda como fantasma, la emoción de las situaciones fabuladoras.
¿Qué proyectos tienes a futuro y que podemos esperar de ti como director?
Hay varios proyectos, algunos con mayor certeza de realización que otros, pero “nunca se sabe donde salta la libre”. El primero es un ensayo fílmico sobre Hechizas, una obra del artista visual Demian Schopf, luego viene el desafío de realizar una micro webserie con Sebastián Pereira de Canalocho.tv y a principio del próximo año El santo oficio, largometraje de ficción que prosigue, con mayor complejidad, mi búsqueda más reciente y que está siendo producido por Florencia Dupont, de Santiago Independiente y por Nítida Producciones.
Entrado el 2022 quisiera realizar tres o cuatro películas fulminantes, rodadas entre 24 y 30 horas, sin guión, como barco que navega sin cartas náuticas ni timón. Y, asimismo, proseguir la escritura de Los deseos flotantes, la tercera parte de la trilogía de los deseos que ansío completar. Y por último espero que se concrete el proyecto, Viajero inmóvil, dirigido por Fernando Lavanderos y Sebastián Pereira y producido por Francisco Hervé, donde soy el protagonista.














